“Es la primera vez que voto en unas elecciones en España”, dice un repartidor de Glovo que prefiere no revelar su nombre después de votar en un local de la compañía en Madrid, situado entre el Museo del Prado y el Parque del Retiro. Normalmente sirve como lugar de apoyo para los repartidores de la empresa, con estanterías llenas de mochilas, chaquetas y cascos amarillos, pero este sábado se transformó en un colegio electoral. Es una de las seis sedes en las que se celebraron las primeras elecciones sindicales de la compañía en Madrid. Glovo peleó durante años para evitar ser una empresa que acoja comicios como estos, en defensa de su modelo de autónomos y en contra del modelo asalariado que sustentan la justicia y la ley rider. En estas primeras elecciones ha ganado con contundencia uno de los partidos que apoyó esa normativa, CC OO, con 13 de los 27 delegados en liza.

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