Las reacciones de nuestras fuerzas políticas a la intervención militar de los Estados Unidos en Venezuela han vuelto a sacar a la luz nuestras muchas discrepancias en política internacional. Yo me sumo a la crítica oficial del Gobierno, una de las más contundentes en Europa en su condena de la operación militar de Donald Trump. Desde luego, esa actitud no está reñida con la crítica al régimen bolivariano, pero recurrir a la defensa del derecho internacional era la única actitud sostenible. Más radical fue Podemos, cuando por boca de Ione Belarra apeló a la necesidad de abandonar la OTAN e incluso romper relaciones con Estados Unidos. Lo que llama la atención de esta reacción tan hiperbólica es su contraste radical ante lo que sucede en Ucrania. No se entiende su indiferencia ante el sufrimiento de los ucranios. O, si es porque defienden la causa del Kremlin, el de los propios rusos de a pie. Ya han muerto en este conflicto más soldados de Putin que estadounidenses a lo largo de toda la Segunda Guerra Mundial. Su crítica genérica a la guerra sin señalar al responsable de haberla provocado recuerda más a la sempiterna posición del Vaticano que a la de una fuerza política responsable.
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