Una de las claves de la prosperidad de un país es la salud de sus instituciones y la calidad de los servicios públicos que proporcionan los gobiernos. Los países más industrializados y más ricos suelen tener mayor proporción de funcionarios que contribuyen a una provisión de esos servicios más eficaz. Son empleados capacitados y cuentan con más herramientas y tecnología para gestionarlos. Sin embargo, los países en vías de desarrollo o aquellos afectados por la fragilidad, los conflictos y la violencia (FCV) cuentan con menos empleados públicos, su acceso al puesto es más arbitrario, tienen menos incentivos y motivación, suelen tener menos capacitación y cada vez que estos países atraviesan una crisis la primera tentación es recortar plazas de funcionarios. Son algunas de las conclusiones del informe Desempeño y Prosperidad de la Fuerza Laboral Pública difundido este jueves por el Banco Mundial.
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