El narrador es un hombre desesperado. Su esposa le ha dicho que ya no está enamorada de él. Su matrimonio se ha roto. El narrador y el autor están tan cerca, se parecen tanto, que decir que casi se tocan es quedarse corto. No hay distancia alguna entre el narrador y el autor. No la tolerarían ni la vanidad ni la exaltación. Una nota al principio del libro asegura que Islandia es una novela “porque las cosas verdaderamente importantes que ocurren en nuestras vidas suelen ser inenarrables”. Entonces, si es una novela, ya no será ni un ajuste de cuentas con el pasado ni una memoria ni un cortocircuito emocional suspendido en un texto que tiene, como defectos, bastantes, pero como virtud, su parecido con el tiempo. Justo la única que dice perseguir.
0 Comentarios