Julio Moreno, miembro de la tercera generación de la familia propietaria de Pastelería Mallorca, lleva en su carpeta un cuadrante, en formato A3, en el que aparecen los nombres de los empleados de cada una de las ocho tiendas que tienen en Madrid. Pero escuchándole hablar, no parece que le haga mucha falta esa especie de chuleta para conocerlos a casi todos. No en vano, lleva cuatro décadas en el negocio familiar, que ha ido adaptándose a cada época desde que abrió en 1931.
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