Con gran parte de la atención internacional centrada en Oriente Próximo, y con la duración y el alcance económico del conflicto aún por definir, trazar previsiones se ha convertido en un ejercicio incierto. En ese contexto volátil, España mantiene el tipo: la actividad resiste mejor que la de sus vecinos y el país ha registrado el mejor arranque del año entre las grandes economías europeas. Aun así, Fitch opta por la prudencia y reafirma la calificación en A, con perspectiva estable. La agencia considera que, pese al buen tono de los indicadores, todavía no hay visibilidad suficiente para revisar la nota.
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