William Kikanae Ole Pere es un líder comprometido. Renunció a una beca que le concedió Michael Jordan en Estados Unidos para centrarse en su comunidad. Se encuentra estos días en España para promocionar sus proyectos para la subsistencia del millón de masáis que habita en Tanzania y Kenia, donde está la reserva Masái Mara. Para ello, ha cerrado su participación en encuentros de formación en liderazgo con distintas compañías y directivos. A la cita, en un hotel madrileño, llega con paso tranquilo y una sonrisa. Una túnica y un sinfín de collares, pulseras y brazaletes, componen su alegre vestimenta. Una estampa que “busca transmitir la felicidad con la que vivimos. Somos pobres, pero damos mucho valor a lo que tenemos: agua, comida, educación, carreteras y hospitales”, sostiene.
Gestión del talento
Si se le pide al número uno de los masái que defina un buen liderazgo, asegura que “siempre será bueno, con independencia de donde se ejerza, el que sitúa en el centro a las personas, pero de verdad”. Su fórmula reside en contar con los mejores. “Atraer al mejor talento para ayudarte y no para competir”. Frente al ruido de la gran ciudad, aconseja al directivo que “no piense globalmente en todo lo que tiene encima. Priorice. Asuma uno a uno los problemas y resuelva. No todo es cuestión de vida o muerte”, dice. A Kikanae le preocupan mucho las nuevas generaciones, a las que recomienda “viajar y conocer otras culturas”. Y al hombre blanco, “que no valora todo lo que tiene y se ha hecho excesivamente individualista”, le recuerda “el valor de la unidad”.
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