
Los meses de verano pasan factura al cabello: cloro de la piscina, sal del mar y, sobre todo, la radiación solar, que debilita la estructura capilar. El pelo no es el mismo en junio que en septiembre, y muchas veces la pregunta de cómo cuidarlo llega demasiado tarde cuando el daño ya está hecho. Lo que ha dado resultado a una melena más seca, apagada y quebradiza.




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