En el salón de ceremonias de la Quinta de Salmanha (Figueira da Foz), en Portugal, no se oía este sábado ningún “¡viva los novios!”. Se escuchaban gritos repetidos de “reconquista” y “reemigración”. No había tarta, no había futuros esposos. ¿Qué celebraban 480 extremistas de ultraderecha procedentes de toda Europa, sedicentes patriotas, con algunas cruces colgando y emblemas nacionalistas prendidos del ojal de sus trajes, esos sí, de boda de día?
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