Y sí, España volvió a una final de la Copa del Mundo 16 años después. La de Dallas, ante Francia, fue una actuación coral del equipo, como todas las de esta edición de la Copa del Mundo, pero con mucho más colmillo. El combinado dirigido por Luis de la Fuente no depende de una individualidad, aunque sí se sostiene por dos figuras clave: Rodri Hernández y Aymeric Laporte. El centrocampista del Manchester City y el central del Athletic Club sujetaron al equipo cuando alguna debilidad asomaba e iluminaron el camino de España hasta la segunda final de su historia. Rodri es el termómetro de esta selección. Batuta en mano, pone el tiempo y frena y acelera el juego cuando él lo demanda. Y Laporte parece haberse sacudido una temporada irregular con su club y está al nivel imperial de la Eurocopa 2024.
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