Durante décadas, los científicos explicaron la biología como una conversación química. Las células tomaban sus decisiones siguiendo un manual escrito en los genes que ejecutaban a través de señales químicas. Si una célula se convertía en neurona, en músculo o en glóbulo rojo era porque ciertas moléculas le ordenaban activar unos genes y apagar otros. La investigadora finlandesa Sara Wickström (Finlandia, 50 años) ha ayudado a demostrar que, como mínimo, faltaba una parte clave de la historia: las células también sienten su entorno.
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